Al cielo pero no con ellos
George Gessert
(english)
Para mí, la pregunta más interesante que plantea el cultivo de plantas es:
¿por qué algunos híbridos son más atractivos estéticamente que otros?
Esta cuestión ha recibido muy poca atención, considerando lo populares que son las flores y el largo tiempo que se lleva practicando el cultivo de plantas. La mayoría de los escritores de jardinería no tienen en cuenta esta pregunta, o pasan por ella lo más rápidamente posible, tal vez con una broma de auto-desaprobación, como si la respuesta fuese evidente o implicase un tema de gusto personal demasiado sensible para discutirlo en público.
El comentario del arte trata temas relevantes para la pregunta, como el papel de lo kitsch en la cultura contemporánea, pero el foco tradicional de la glosa artística está en las obras hechas a partir de materiales inertes. El arte viviente y el no viviente comparten por terrenos comunes aunque también divergen de forma significativa. Dos rojos idénticos al ojo, excepto porque uno es producido por pigmentos naturales en una rosa, y el otro por cadmio sobre una hoja de papel, no tendrán asociaciones, significados o peso emocional idénticos. Además, los rojos vivientes de tonalidad idéntica pueden provenir de seres tan diferentes como loros, manzanas o amapolas.
Los cimientos del discurso sobre el cultivo de plantas como arte existen por lo menos desde hace siglo y medio. Recientemente han aparecido muchas publicaciones [1] aunque el libro más valioso sigue siendo El Origen de las Especies, publicado en 1859.
Darwin describe muy a menudo la naturaleza y la evolución en términos estéticos, el pasaje más famoso habla de una intrincada ladera “revestida con muchas plantas de muchas clases, con pájaros cantando en los arbustos, diversos insectos revoloteando alrededor y gusanos arrastrándose por la tierra húmeda.” Todas estas criaturas surgieron de “la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte.” La guerra de la naturaleza también da lugar al “objeto más glorioso que somos capaces de concebir” es decir, los animales superiores, incluyendonos implícitamente a nosotros mismos. Darwin termina diciendo que “infinitas formas más hermosas y más maravillosas han estado y se están desarrollando.”
Se podría alegar que esta declaración es poco científica. No existe evidencia alguna de que una forma de vida sea más gloriosa que otra, o que la vida sea objetivamente superior a las entidades no vivas o incluso al vacío.
La vida, como los cristales o las llamaradas solares, solamente es “bella” o “maravillosa” desde la perspectiva de un observador sensible. El pasaje sobre la intrincada ladera trata tanto de las respuestas estéticas de Darwin a la naturaleza como del fenómeno de la evolución biológica.
Sin embargo, la declaración tiene un perfecto sentido psicológico. El sentido de los procesos evolutivos, con su paisaje de miles de millones de años de sufrimiento y muerte, sería insoportable sin algo positivo que los equilibrase. En esta ecuación psicológica, la belleza y la maravilla, aún en lo más profundo -es decir, incluso experimentadas como cualidades que no provienen de lo que es el ser reconocible- son insuficientes en sí mismas. Sin embargo, cuando Darwin las relaciona con el hambre y la muerte evoca lo sublime. Burke y Kant caracterizaron lo sublime como la unión de la belleza y el terror que produce espanto o exaltación, como lo que podríamos experimentar ante picos cubiertos de nieve, altas cascadas o la vía láctea. Lo sublime es una experiencia tanto espiritual como estética y debido a ello existe la oportunidad de de equilibrar las enormes cargas psíquicas que pagamos por la conciencia científica. El Origen de las Especies explora algo del mismo territorio espiritual que Moby Dick, La Balsa de la Medusa de Géricault, los paisajes de Caspar David Friedrich, y la música de lo sublime, como el primer movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven. [2]
En un aspecto crucial, la penetración de Darwin en lo sublime va más allá. Encuentra lo sublime no solamente en lo grandioso (en elementos de escala sobrehumana) sino también en una ladera, que es algo de escala reducida, incluso íntimo. La “intrincada ladera” de Darwin era probablemente inglesa y, al menos mínimamente, domesticada. No escondía tigres, ballenas blancas ni nada más amenazante que abejorros. Pero según Darwin, los insectos, los tréboles y las zarzas son seres formados por luchas incontables, muchas de ellas a muerte, a lo largo de vastos periodos de tiempo. El tiempo geológico es un océano en el que las formas de la vida se levantan y caen, cambiando sin parar, una inmensidad compuesta de detalles, la mayoría de ellos muy pequeños.
Las historias de estas pequeñas cosas hacen partícipes de lo sublime incluso a la más humilde de ellas y, entendidas correctamente, a sus expresiones.
Darwin construye un marco convincente, pero tengo que admitir que para mí las flores no expresan directamente lo sublime, no como las Montañas Rocosas canadienses o Moby Dick.
Para nosotros, las flores nunca son espeluznantes o directamente peligrosas (a menos que nos las comamos, las flores de la Brugmansia pueden producir alucinaciones terribles) Además, ninguna planta revela individualmente nada más que una fracción diminuta de su historia vital, incluso a un botánico. En lugar de eso, el aspecto de las flores revela historias muy generalizadas, no sobre individuos, sino sobre especies: pétalos configurados para proteger el polen contra la lluvia, fragancias y colores desarrollados para atraer polinizadores. Podemos disfrutar de las flores sin pensar en las luchas que les dieron forma o en el paso del tiempo geológico.

Las flores no expresan directamente lo sublime, pero tampoco son un obstáculo para alcanzarlo. (Hay excepciones, a las que llegaré pronto.) Las flores seducen. Aunque como sabemos la mayoría de ellas viven sus vidas bajo circunstancias que ningún ser humano podría soportar por mucho tiempo: desprotegidas a lo largo de inviernos helados, veranos secos y achicharrantes, en acantilados, en grietas de las aceras, en las copas de los árboles o en tierras baldías y desoladas. Las flores son hermosas no a pesar de sus vidas sino debido a ellas.[3] Esto se ha introducido en el lenguaje común: con ecos del Hinduismo y el Budismo, decimos que “del fango crece el loto”. Las circunstancias más desgraciadas producen a veces la mayor belleza.
Probablemente, las plantas salvajes invitan más que las domesticadas al tipo de maravilla que Darwin invocaba. Pero los cultivadores de plantas han creado, o han ayudado a crear (puesto que las plantas hacen la mayoría del trabajo) híbridos que sirven como recordatorios de las más felices posibilidades de la vida. Incluyen flores de lis tales como la Honorabile y la Great Lakes, el Delphinium Völkerfrieden, ciertos nenúfares de Marliac (que Monet pintó), malvarrosas con y sin nombre, el narciso Soleil d’Or, y el lirio real Black dragon. Hay muchísimos más.
Lo que los híbridos superiores tienen en común es que cada uno de ellos parece exactamente lo que es. Cada uno tiene una forma llamativamente clara, proporciones distintivas del complejo de cultivo al que pertenece y una presencia inequívoca. Como un ideograma, que puede ser hermoso o agraciado, o simplemente ser. Si tales plantas son arte, son arte no representativo puesto que no representan nada excepto a sí mismas. Las plantas salvajes tienen las mismas cualidades. Los cultivadores de plantas han ayudado a crear bellezas y rarezas tan insondables como las de cualquier cosa que provenga de la naturaleza salvaje.
Sin embargo, “las formas más hermosas y maravillosas” no son el objetivo de todos los cultivadores de plantas. Algunos solo quieren entretenerse. Los consumidores eligen con sus agendas de flores recargadas dobles informales que se parecen más o menos. Los lechos de plantas amontonadas y sofocadas con flores (como medusas brillantes coloreadas) se convierten en centros de jardín de mares económicos. Lo Kitsch invita al cinismo, pero también recuerda que estar alienado en la cultura que produce es un paso en la dirección correcta. Necesitamos estar más alienados, no menos.
Como Ad Reinhardt dijo, “Al Cielo, pero no con estos tíos”.
Notas
1.Para una bibliografía: http://mitpress2.mit.edu/e-journals/Leonardo/isast/spec.projects/art+biobibl io.html
2.La razón por la que muchos americanos encuentran la concepción Darwiniana de de la naturaleza intolerable puede ser el hecho de que su dieta estética consista en publicidad, televisión, Disneylandia y religión kitsch.
3.Muchas flores no son hermosas. Algunas son más extrañas que hermosas, la gran mayoría son discretas y algunas son feas. Las flores de Aristoloquia parecen tajadas de carne en descomposición y atraen a las moscas, que actúan como polinizadores.
Nació en 1944 en Milwaukee, Wisconsin. Se graduó en Filología inglesa en la Universidad de California y en Bellas Artes en la de Wisconsin, Madison. En un principio trabajó como pintor e ilustrador. Desde 1985 hasta hoy su trabajo se ha centrado en la intersección enre arte y genética.
Sus instalaciones a menudo incluyen híbridos de plantas que ha cultivado o la documentacón del proceso de cultivo.
Ha expuesto su trabajo en el New Langton Arts (San Francisco), el San Francisco Exploratorium, el Smithsonian Institution, Exit Art (New York), Le Lieu Unique (Nantes, France), la Bienal de Arte Electrónico de Arts, en Perth, Australia, entre otros lugares.
Ha publicado artículos en muchas publicaciones, como Leonardo, Art Papers, Design Issues, Massachusetts Review o Northwest Review y en distintas antologías.
Entre los premios obtenidos destaca The Leonardo Award for Excellence y un Pushcart Prize (2005).
Publicado originariamente en a mínima:: 13

