
Reinhard Nestelbacher
Gerfried Stocker
(english)
Las nuevas tecnologías permiten a los artistas experimentar con nuevos materiales y metodologías. Pero esto sólo es posible cuando ciencia y arte se acercan la una a la otra.
Debido a las posibilidades de la biología molecular, las células humanas vivas, las bacterias, los embriones y los organismos completos están empezando a formar parte de un arte nuevo, a veces llamado bio-arte. Con la ayuda de la molécula PVF (proteína verde fluorescente), por ejemplo, se han creado nuevas criaturas artificiales poco usuales -ratones, peces, plantas, o bacterias luminiscentes. El PVF permite transformar los organismos en “dispositivos” generadores de imágenes.
GFPixel es un “cuadro” hecho a base de bacterias genéticamente modificadas. Estos organismos se han cultivado en aproximadamente 4000 placas Petri distribuidas en forma de retrato. Como en las pantallas digitales, una parte de las bacterias emite luz verde - el gen PVF ha sido “encendido”, mientras que en otra parte de las bacterias el gen PVF ha sido “apagado”.
La proteína verde fluorescente (PVF) es, estrictamente hablando, la única proteína conocida en la que la luminiscencia es causada por una parte de la propia proteína. Esta inusual molécula fue descubierta en los años 60 en la medusa luminiscente Aequorea victoria. Desde el principio, la característica más sorprendente de la proteína ha sido el que fluorezca con un color verde intenso al estar expuesta a luz ultravioleta. Una de las aplicaciones biológico-celulares más importante de la PVF en las ciencias moleculares es su uso en calidad de gen informador o marcador, procedimiento por el cual el gen PVF se acopla a un gen particular que ha de ser investigado. Ya que este procedimiento en muchos casos no afecta a la proteína principal, el gen acoplado puede entenderse como una “lámpara molecular”. Allá donde se encuentre el gen investigado, su luminiscencia puede ser reconocida a través de los métodos adecuados. Esto permite a los científicos identificar el área de eficacia de la proteína y establecer su concentración. Esto también hace posible analizar los nuevos “interruptores” genéticos, los llamados promotores, y su actividad en los organismos. Mientras tanto, como resultado de estas interesantes características, la proteína ha sido usada para responder a muchas preguntas. ¿Es digital la vida?
La mayoría de las personas conocen bien las representaciones de material genético parecidas a códigos de barras, pero sólo algunos pueden percibir su sentido y cómo son producidas estas imágenes. Lo mismo ocurre con la representación de información genética: las cuatro “letras”: A, C, G, y T, símbolos de las cuatro bases químicas del ADN, han llegado a simbolizar el desciframiento del código genético de la vida. Así, un gen es representado en un lenguaje que no parece distinto al código binario de un ordenador.
Mientras tanto, esto ha llegado a asociarse con la noción profana de que con el desciframiento del banco de datos del ser humano -que es el genoma-el concepto de la vida también puede ser explicado técnicamente, con el mismo método digital. Ésta es una visión reductivista que refuerza el concepto de omnipotencia científica. Una razón por la cual estas imágenes tienen el efecto de divulgar ideas equivocadas es que ni los medios ni los científicos hacen una reflexión seria sobre sus consecuencias.
GFPixel juega con este fenómeno: la vida ha cambiado, y se usa para formar una imagen digital (encendiendo y apagando el gen PVF) de una mujer. Pero la imagen vive y muere durante la exposición - y aun así no pierde la capacidad de iluminarse y formar el pixel-art. La vida como un “dispositivo para generar imágenes”.
Un aspecto especial de las bacterias artificialmente fluorescentes es el encuentro con la célula en tanto que sistema vivo, o con el organismo en tanto que “dispositivo para generar imágenes”.
Estas criaturas, por tanto, no son los objetivos del arte, más bien son el producto final y la materia prima. No es que sea novedoso usar organismos vivos como parte de una obra de arte, pero, aun así, la obra llega a una dimensión totalmente nueva. Los organismos son, verdaderamente, productos de un proceso de investigación científica, pero son, sobre todo, sistemas vivos. Esto significa, por definición, que son capaces de un metabolismo independiente, que tienen la capacidad de reproducirse, y que tienen la posibilidad de cambiar su constitución genética. A través del uso de pigmentos en sistemas vivos, los procesos que tienen lugar dentro de una célula -los que han sido descritos sistemáticamente- pueden ser desplazados hacia un nuevo mundo de imágenes. Al fenómeno de “la vida”, por tanto, y de una manera muy poco común, se le da un rostro y una presencia gráfica que ya no son tan abstractos como las letras del código genético.
GFPixel juega con el límite entre el mundo vivo y el mundo digital, usa los organismos genéticamente modificados como “materia prima” para formar un cuadro clásico - el retrato de una mujer. Parece digital, pero este retrato vive y muere durante la exposición.
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Reinhard Nestelbacher (Austria, 1968), biólogo molecular y profesor /educador de ciencias; estudió en la Universidad de Salzburgo en la que es miembro del equipo del proyecto de investigación de alergología de la facultad; ha dirigido proyectos científicos extraordinarios, incluidos los de Ars Electronica en 1999 y 2000 (Sex i(n) motion & Sperm Race), los de la Province Fair Graz en 2000, el Congreso sobre Alergia de Salzburgo, en 2001; el “Ciencia en el Centro Comercial” en 2001, y el del trabajo de laboratorio del proyecto vCell de la Empresa Max Planck en Berlín.
Gerfried Stocker (Austria, 1964), Es artista de medios. En 1991, fundó x-space, un grupo de artistas y técnicos independientes, especializados en la realización de proyectos interdisciplinarios. Dentro de este marco, ha llevado a cabo numerosas instalaciones, performances y proyectos de exposiciones en el campo de la interacción, la robótica y las telecomunicaciones. También es el responsable de la concepción y realización de varios proyectos en cadenas de radio en todo el mundo. Desde 1995, ha sido director artístico y ejecutivo del Centro Ars Electronica y, desde 1996, junto con Christine Schöpf, co-director artístico del Festival de Ars Electronica.
