Domenico Quaranta
Crítico de arte y comisario.
Una de las cosas que más llama la atención del trabajo de Cory Arcángel es la increíble variedad de lo que hace y su desorden. Lo ha confesado él mismo en una entrevista:
“soy el clásico “multi-tasker”, de esos que han crecido viendo la televisión mientras hacían los deberes”.
Tiene un sitio web, mejor dicho, un blog, o mejor aún, un par de ellos, pero no son los mejores lugares para empezar a ver sus trabajos. Se define como programador, pero es sólo una de sus tantas identidades: profesor, músico, artista, performer, curador y (ocasionalmente) crítico de arte.
Algunas de estas cosas las hace como Cory, otras como miembro de uno de tantos grupos y colectivos a los que pertenece o con los que colabora ocasionalmente: Beige, il Contagious Media Group, The 8bit Construction Set, i Gay Beatles, RSG, Paperrad. Y a menudo los presenta como trabajos personales y colectivos.
Pero cuando consigue superar la confusión generada por links desfasados, trabajos ordenados de diferente manera, identidades múltiples…, se puede hacer un descubrimiento que resulta todavía más sorprendente: una rara coherencia, subterránea pero no por ello menos tenaz. Un hilo rojo trazado a punta de ratón, sucio y tembloroso como el “estilo sucio” que tanto le gusta, pero sólido, que resulta inconfundible en todo aquello que hace.
El amor por los “viejos sistemas” es uno de los fundamentos de esta coherencia. Podríamos hablar de “nostalgia”, y no hay ninguna duda de que la atracción retro-chic de su trabajo ha contribuido -junto a que es un irresistible performer- a hacerse alumno de la escena newyorkina, atraído por Jeffrey Deitch y por otras realidades privadas e institucionales.
Creo que el término adecuado para Cory Arcángel es “economía”. En una entrevista a John Bruneau ha declarado: “No me gustan estos viejos sistemas por nostalgia, sino porque son baratos y es fácil trabajar con ellos. Además se encuentran a medio camino entre el vídeo analógico y el digital.” Economía de conocimiento y de instrumentos, porque es mucho más rápido y sencillo aprender a modificar un viejo cartucho de Nintendo que cualquier instrumento reciente. Economía de espacio, de código, de bit, que en la época de la banda ancha le lleva a realizar trabajos muy poco pesados, a menudo por debajo de 32 k. Economía de referencia intelectual, que le lleva a declarar: “Me gustaría decir que hubo algún artista contemporáneo cuyo trabajo realmente me hizo reflexionar, pero últimamente lo único que he hecho ha sido intentar ordenar los 20 años de cultura basura televisiva que llenan mi cerebro.”
Cory Arcángel busca el máximo efecto con el mínimo esfuerzo y considera un valor “hacer lo menos posible”. Alexander Galloway, a propósito de “Data Diaries”, un trabajo que consistía simplemente en convencer a Quicktime de que el contenido de la memoria temporal de un ordenador fuera un archivo de video, ha escrito: “¿qué hizo Cory Arcángel con este pieza? Nada.
El ordenador hizo el trabajo y él solamente le dió forma. Su descubrimiento fue el siguiente: coje un archivo de datos enorme -en este caso el archivo de la memoria de tu ordenador- y haz creer a Quicktime que es un archivo de video. Después ejecuta play. La memoria de tu ordenador ahora es video arte. El Quicktime lo reproduce entero sin saber que las rayas y el ruido de la pantalla son realmente los bits y bytes del propio cerebro del ordenador. Los datos siempre han estado justo delante de tus narices. Ahora puedes verlos.” Y entrevistado por Bruneau sobre la presunta pubertad de este trabajo, Arcángel responde: “La simplicidad es una baza, no un defecto…mira por ejemplo la obra de las nubes. Es muy simple. Cuanto más pequeña es la idea más contento estoy de ella.”
Ligereza, para Arcángel, quiere decir también superficialidad Pop. De ahí la constante negación de cada influencia artística que no sea contemporánea y no nazca de una relación de amistad; de ahí su amor apasionado por al televisión y por internet: “Soy un artista pop y toda la cultura pop me parece bien. Me encanta todo. Ahora no tengo tele, porque si la tuviera, estaría viéndola SIEMPRE!!!” Como en el Pop Art en esta superficialidad hay mucha ostentosidad, pero destaca el hecho que todos sus trabajos nacen del placer de hacerlos y de una concepción del arte como placer, diversión, pasatiempo. Es muy divertido escuchar el repaso que le hace a Hanne Mugaas de su infancia en Buffalo, donde empieza a hacer sus primeros videos junto con su hermana. Además, aclara las raices de esta concepción: “Lo primero de todo es que nunca había NADA que hacer, por eso tuve que buscarme entretenimientos y así es como terminé haciendo videos con mi hermana cuando éramos pequeños. Creo que esto es bastante común. De todas formas, Buffalo tiene esta rara cultura de vídeo arte. En los 70 todos esos chiflados del vídeo arte neoyorquinos se mudaron allí para dar clase en la universidad. Entre ellos estaban Stan y Woody Vasulka […] y Tony Conrad […] El trabajo de estos artistas realmente definió la identidad artística de la ciudad. Recuerdo estar viendo la tele cuando era más joven y ver esos vídeos raros, minimalistas, de campos de colores por la noche. Es difícil expresarlo, pero creciendo allí nunca ví raro hacer un vídeo a cámara lenta de 15 minutos. Nadie me dijo que eso fuera raro, …veía cosas así en la tele pública todo el rato, así que hasta que me mudé, no me enteré de que esos eran vídeos ‘de arte’!”
Una vez dejado Buffalo, se traslada a New York, donde estudia guitarra clásica en Hoberlin. “Beige” nace alrededor de 1997, en los últimos años de conservatorio, y constituye la base “comunitaria” en la que se coloca toda su actividad sucesiva. Nominalmente, el grupo fundado por Cory Arcángel con Joe Beuckman, Joe Bonn y Paul B. Davis, es un colectivo de programadores, pero también un grupo musical y una pequeña casa discográfica. “Después de algunos discos, todos empezamos a hacer algunas cosas realmente extrañas, y terminamos saliendo de este mundo para meternos en el pirateo de hardware, el video-arte o la bisutería [no vemos ninguna diferencia entre el trabajo de audio y el visual], así que nos acuñamos el nombre de BEIGE como si fuera un paraguas que describía todo lo que hacíamos.”
Su primer gran proyecto The 8 bit construction set (1998-2000) es, al mismo tiempo, el nombre del grupo y del vinilo que ha publicado con la Beige Records. Se trata de un “battle record” que contiene música pero también software y video; un lado está grabado y puede ser leido desde un Commodor 64; y el otro desde una plataforma Atari.
The 8 bit construction set testimonia aquella predilección por el low-tech y las estéticas del low-fi que caracterizaba tanto el net.art europeo, desde Jodi a Vuk Cosic pasando por el 386dx de Alexei Shulgin; y que en el 1999 empuja al austríaco Gerhard Sengmüller a poner a punto un dispositivo, el VinylVideo, para disfrutar los viejos vinilos y conectar imágenes video a baja resolución. Pero precede también a la escena de la musica a 8bit, que en aquel periodo está asentándose en Estados Unidos y Europa y que utiliza las viejas plataformas de juego como instrumentos para hacer música.
Una vez terminado el experimiento The 8 bit construction set, Beige experimienta el uso de Nintendo Entertainment System (NES) como instrumento para hacer música (Paul B. Davis) y video (Cory Arcángel). De estos experimentos nace FAT BITS, la primera instalación del grupo, presentada en 2001 en el Deadtech de Chicago. Arcángel se da cuenta de que los cartuchos del NES son un instrumento perfecto para hacer vídeo trabajando sobre el proceso, sobre una gráfica minimalista y sobre las viejas plataformas informáticas sin renunciar a la fascinación nebulosa de la resolución televisiva, que le atrae más que las precisiones de los píxeles.
Así, Cory Arcántel se convierte en pionero en la escena de los Game Art sin ni siquiera haber sido un gran jugador, y sin haber amado particularmente al fontanero de la Nintendo: “Nunca me ha gustado el juego ni he jugado. En este sentido, mi mayor interés en el juego está en las limitaciones gráficas 16 * 16 de los barridos. Creo que mucha gente se perdió ese juego en particular, pero nadie se perdió la estética del movimiento de los juegos antiguos de videoconsola y ordenador. No me gustan mucho los juegos, pero me encantan los sistemas. Me gusta mucho el aspecto que tienen los viejos sistemas. Por ejemplo, la NES (Nintendo), obtiene directamente los colores de la tele. Por eso suele tener esos colores tan brillantes de las teles viejas, mucho más brillantes que los de la TV por cable o los de las cintas de VHS. Este tipo de cosas tienen buen aspecto, como el brillo reflejado en una habitación. Como mi cartucho de nubes se hizo realmente para una tele que tengo en una esquina de mi apartamento, por la noche hace que mi cuarto resplandezca con ese azul chillón del cielo del juego. En segundo lugar, me gusta la idea del “scrolling” (barrido, desplazamiento). Incluso más que las películas, los juegos suelen enmarcar las narraciones de tal forma que la gente cree realmente que el mundo del juego se extiende más allá de las fronteras de la pantalla. Lo único que tienes que hacer es moverte a la derecha o a la izquierda para verlo. Y me encanta lo que añade de asqueroso la señal de la tele al estilo “pixel perfect”. La gente olvida que el estilo tan popular de diseño con pixeles es algo así como un espejismo. Esa estética solamente existe en la cabeza de los diseñadores, porque antes los gráficos de píxeles siempre se mostraban en televisores que, por supuesto, lo volvían todo borroso.”
La “cartuccia delle nuvole” es Super Mario Clouds (2002), quizás el trabajo más destacado de Arcángel: un cartucho de Mario en el que ha borrado todo tipo de trazos de las nubes que discurren sobre el cielo azul de izquierda a derecha, ininterrumpidamente. Podría parecer un video, pero no lo es y, sobretodo, pesa mucho menos: 32 k, para ser exactos. En un tutorial escrito para explicar línea por línea el código del trabajo, Arcángel explica que, sobre NES, las imágenes se construyen con cuadrados de 8 x 8 píxeles por un total de 8k de gráficos: “Estas dos limitaciones del hardware definen la estética de la mayor parte de los videojuegos de principio de los 80 de la Nintendo, y hacer ‘arte’ para este sistema es un estudio de estas limitaciones.” Jugando con los límites de la máquina y con el código de programación, Arcángel crea un icono hipnótico, inmediatamente reconocible, ligeramente en los límites de la idiotez, y en conjunto, una delicada metáfora de todo su trabajo.
Sobre los cartuchos de Mario, Cory Arcángel ha vuelto varias veces. En Super Abstract Brothers, que en realidad anticipa las nubes de todo un año, sustituye todos los personajes y los funde con formas y configuraciones abstractas, transformando Super Mario Brothers en un extraño Tetris que desafía nuestro vínculo con las imágenes y con un mundo que, cuando estamos inmersos en el juego, tendemos a percibir como real. Sin embargo, En fantasy cutscenes #2 (2004), en el mismo cartucho inserta los letreros, que hacen un guiño tanto al cine mudo como a las historietas y que pone en colisión géneros narrativos diferentes. Naptime, es un video hipnótico en el que Mario, durmiendo, sueña un flujo constante de códigos psicodélicos acompañados de una pista de 8bit compuesta por Paul B. Davis.
Pero es con Super Mario Movie, nacido de la colaboración con Paperrad y propuesto por Deitch Projects en enero de 2005, cuando Arcángel repite el éxito (y la fascinación) de Super Mario Clouds. Se trata, una vez más, de un cartucho modificado, dos páginas (y 32k) de código que producen un vídeo sonoro de 15 minutos, como ha descrito en el mail de propuesta a la galería: “La película va a tratar de cómo el mundo de Mario se está derrumbando. Como Mad Max, pero en 8 bits. Pantallas de títulos, mundos de fantasía caóticos, castillos flotando sobre nubes coloreadas con arco iris de 8 bits, cascadas, huídas delirantes de mazmorras subacuáticas, fiestas dance, escenas de nivel flotante y champiñones, Mario llorando solo sobre una nube, patrones de parpadeo de bolas de fuego, y tomas de vídeo sintonizado a 60 fotogramas por segundo. Cada escena tendrá también música. ¡Y todo generado por este cartucho de 32k de 1984!!!!!!!!”
Un trabajo casi épico, que muestra a nuestro héroe hacer surf en un mundo de bit en desvanecimiento, unas veces reconocible y otras abstracto, en el que se alternan letreros parcialmente legibles, fragmentos de una comunicación rendida por el inminente colapso del sistema. En el espacio expositivo, la proyección estaba flanqueada por el código y por el cartucho modificado, que había sido re-pintado por Paperrad y expuesto como obra de arte.
Esta práctica de transformar el cartucho en una escultura y, por lo tanto, en un objeto artístico con un valor objetual independiente de aquello que contiene, había sido desarrollada hasta ahora con intervenciones más minimalistas, limitadas a un trozo de nariz adhesiva con el título del trabajo escrito sobre la etiqueta, porque Arcángel consideraba una intervención estética algo más pesado y poco relacionado con un auténtico “hack”. Se puede encontrar un precedente en la cultura hacker, en la práctica de aquellos chicos que daban su crack a los juegos de Commodore 64 y que se hacían cargo de firmarlos orgullosamente con una “tag”, es decir con un breve video al inicio del juego. Arcángel se ha inmerso en estos “tags” trabajando con Alex Galloway bajo la etiqueta RSG (Radical Software Group), en Low Level All Stars (2003), un proyecto de investigación realizado para la muestra Kingdom of Piracy. Los dos artistas han barajado más de 1.000 tags seleccionando una decena que han reunido en un DVD. Se trata de una forma de grafismo digital que RSG ha resucitado del subsuelo en el que corría el riesgo de perderse, para mostrar el nivel de consciencia e intentar un enfrentamiento con
la “alta” cultura.
Toda la obra de Arcángel se enfrenta al grafismo, y su alusión constante a él – desde el rapper Ramelzee, que tiene una parte en Basquiat (1996), hasta Paperrad- no hace otra cosa que confirmarlo. La alusión a los mitos de la cultura Pop es un elemento al que recurre a menudo en su trabajo: como en Sans Simon (2004), que muestra el video de un concierto de Simon & Garfunkel en el que la figura de Simon está escondida, casi censurada por las manos del artista. O en Beach Boys / Geto Boys (2004), un mash-up que acompaña el video de Little Surfer Girl con una canción de la banda hip-hop del nombre análago, de manera que las dos canciones, sincronizadas, se superponen creando una singular armonía. Pero es en el clásico I Shot Andy Warhol (2002) en el que las infracciones hacker y el estilo graffiti se superponen. En este caso, la víctima es el cartucho de Holigan’s Halley, otro viejo juego para NES. Nuestra víctima es Andy Warhol, que con su peluca amarilla y las gafas oscuras resulta inconfundible incluso en gráficos de 8 bit junto al Papa y otros iconos pop. Lo que debemos hacer es repetir constantemente el gesto de la feminista Valerie Solanas en junio de 1968: con la diferencia que aquí Andy Warhol se muestra como un blanco aplanado y abstracto, como en sus numerosos autorretratos, hasta volverse invisible en el tercer nivel, donde estamos invitados a lanzarle sus familiares latas de sopa Campbell. Y, obviamente, el blanco se presenta sobre un monitor de televisión y nosotros tenemos en la mano, como joystick, una pistola de juguete.
En Nipod (2004) le toca el turno a un icono contemporáneo. El iPod de Apple, explícitamente proyectado para convertirse en un proyecto de culto, está sometido a un proceso de emulación que es al mismo tiempo un homenaje y una burla, a través de la exaltación de una estética retro, low-fi, primitiva y basada en el texto que es exactamente el opuesto al del “blobject”, liso e inmaculado, que ostenta con honor sus gigabyte de memoria. Al objeto de diseño y de negocio hi-tech, Arcángel opone los resultados de sus investigaciones en las tiendas de segunda mano y en la basura, modificando un cartucho Nintendo y transformándolo en una consola musical que reproduce sucesos pop (desde Eminem a Van Halen pasando por 50 cents) en clave bit, proyectando sobre la pared imágenes simplificadas de un iPod.
Al final, en otros cartuchos, desde Space Invader (dense cuenta de que falta la “s” del plural) a F1 Racer Mod a Slow Tetris, todas del 2004, la idea parece no tener otro objetivo que el ruido y la injugabilidad. En estos trabajos emerge también otra instancia, más constructiva y anticipada del Super Mario Clouds. El juego pierde su jugabilidad, pero para a ser transformado en paisaje, un cuadro para observar. No hay acción, sólo puedes sentarte y observar, dejarte hipnotizar por el flujo de las imágenes y bombardear desde el tubo catódico del monitor televisivo. Gameboy killed the video Stars, pero los héroes de los videojuegos deben volver a la televisión para tener sus 15 minutos de celebridad, para transformarse en iconos.
Ralentizado, el Tetris se vuelve un cuadro abstracto, para contemplar del mismo modo que se contempla un Mondrian; y el temible invasor alienado es una inofensiva araña que podemos aniquilar en cada ocasión, cuando pierde todos sus amigos, mientras la pista de una “carrera de coches”, si se priva de los motores de los automóviles se vuelve una poética metáfora del viaje y de la frontera: una verdadera ruta americana, con aquella cordillera de montañas en el fondo, las nubes inmóviles en el cielo y los carteles de la Nintendo en el horizonte. Sin embargo, Arcángel ha tratado una serie de posters, los Nes Landscapes (2005), que llevan al extremo la fuerza icónica de aquel paisaje.
Del resto, él había dicho: “Creedme, si yo pudiera pedir pizzas pintando, definitivamente pintaría” Y si con sus cartuchos modificados, Arcángel se vuelve pintor, no renuncia de ninguna manera a las pizzas. Pizza Party (2004) es un programa UNIX en línea de comando con licencia GPL que puede ser utilizado para pedir pizzas por Internet y lanzar improvisados “pizza party”. Se trata de un hackeo al sitio de Dominios que remezcla los ingredientes a los que Arcángel se ha habituado, sin aburrirnos: ligereza, estética low-tech, gusto del ridículo y del inútil, llevado a los límites de la demencia. Poco mencionado en el mundo del arte, Pizza Party se ha convertido en un pequeño culto para los hackers: un público al que Arcángel no ha renunciado por las galerías.
Cory’s Web Log
Del.icio.us
Team Gallery
Beige Records
The 8 bit construction set
Data Diaries
Low Level All Stars
Gay Beatles
Contagious Media Group
Paper rad
Vinylvideo
