Para describir la interrelación entre las cosas y el espacio, la presencia de un cuerpo humano en el mundo en el que está inmerso, Maurice Merleau-Ponty ha creado el concepto de carne del mundo. Las cosas pertenecen recíprocamente las unas a las otras y por tanto forman la misma carne, que es la carne del mundo.
El ser humano vive en un entorno y forma parte de él; no contempla el mundo como en una exposición o como si fuera algo que le queda muy lejos. Se involucra en las cosas y las tiene en cuenta. Se las apropia de tal modo que pasan a formar parte de él.
Maurice Merleau-Ponty señala que el espacio en un mundo post-euclidiano no constituye una red de relaciones entre objetos, no es una escena que se contempla como a través de un geómetro a lo lejos, sino que el espacio parte de mí como un punto cero de espacialidad. No existe un mundo delante de mí, sino que me rodea y vivo en él y por tanto formo parte de él. Lo vivo desde dentro y estoy inmerso en él. Soy parte de la carne del mundo en la que todo está entremezclado. El mundo está hecho de la misma sustancia que el cuerpo. El cuerpo humano no termina con una capa de organismo humano (con la piel, por ejemplo). Se expande en el espacio. No se extiende solamente hasta donde puedo tocar las cosas, sino también hasta donde puedo verlas.
A un nivel microbiológico, los microorganismos no sólo entran en el organismo humano, sino que también salen de él hacia el exterior. Me refiero sobre todo a las bacterias y los hongos que mantienen una relación de simbiosis con nosotros y nos ayudan a mantener un equilibro corporal saludable. Nuestros cuerpos y cosas entran en contacto directo mutuo a través de estos microorganismos. Nuestro organismo puede volverse resistente a algunas especies de microorganismos que podrían resultar peligrosas, de modo que las culturas humanas individuales se adaptan a entornos específicos, en los que viven. Al mismo tiempo, algunas especies que viven en ese entorno pueden poner en peligro a algún organismo humano extraño. En este caso los organismos invisibles provocan diferentes tipos de enfermedades. Del mismo modo, algunas especies que viven en nuestro organismos en simbiosis, pueden, si nuestro organismo se debilita (si disminuye su resistencia), multiplicarse y alcanzar un número tan elevado que vuelven a provocar enfermedades.
En algunos de mis proyectos artísticos (Micro cosmos1, Solo Private Bowls2, In-Time3 ) el observador se encuentra ante un micromundo que forma parte del cuerpo humano y de lo que le rodea. Se presenta de tal modo que se puede observar a simple vista.
Ese micromundo es un mundo interior peculiar de nuestro cuerpo. No sólo porque algunas especies viven realmente dentro del organismo humano, sino sobre todo porque todas estas especies que viven con nuestro cuerpo se encuentran directamente sobre él o en su interior, lo que significa que son parte de él y que además contribuyen a que el organismo conserve un equilibrio saludable como un todo. Cuando se desplazan desde el cuerpo hasta los alrededores o desde los alrededores hasta encima de él o hasta su interior, es el cuerpo en sí el que se desplaza hasta los alrededores y los alrededores son lo que se desplazan hasta el cuerpo. ¿Dónde se encuentra entonces la línea divisoria del cuerpo? ¿Existe verdaderamente un córtex en nuestro organismo? Tener córtex significaría poseer una capa muerta, externa de carne. Pero la carne que tenemos con una capa callosa de tejido de la piel no está precisamente muerta; esta capa está llena de una vida que nos pertenece y que al mismo tiempo está en contacto con lo que la rodea. Se genera un contexto de concesiones mutuas entre un cuerpo y el entorno en el que está inmerso. Se genera un contexto en el que se da una expansión de lo interior hacia lo exterior, así como una penetración de lo externo en lo interno.
El proyecto In(threat)timity4 coloca al observador ante la flora y la fauna de un espacio común y por tanto muestra “in(threat)timity” (como combinación de “intimidad”, intimity y “amenaza”, threat) del espacio-tejido común. Los microcultivos extraídos de lugares públicos se multiplican en grandes cantidades, de modo que se convierten en colonias. El tejido público vivo e invisible se vuelve visible.
Si consideramos que hay un mundo exterior, un mundo exterior a nuestros cuerpos pero que los rodea, también nos damos cuenta de que resulta difícil marcar un límite entre el mundo exterior y el territorio del cuerpo. Solemos considerar que la piel es un córtex del cuerpo humano. Pero la piel está formada por capas, una de las cuales es la más interna, y otra la más externa. La que está más adentro es sobre todo una interioridad relativa. De todos modos, el interior de la piel pertenece al interior del cuerpo. Este entorno está protegido de las influencias externas. Posee unas condiciones relativamente estables, las sustancias nutritivas están garantizadas, así como la humedad elevada, una temperatura determinada (37°C) y otras condiciones que las células necesitan para sobrevivir. Por tanto, la capa interna de la piel es aquella en la que las actividades metabólicas de las células (alimentación, secreción, respiración, multiplicación) se desarrollan con el menor número de obstáculos posible. Con la división celular, las capas celulares toman forma. Las células tienden a estratificarse, de las capas más internas a las más externas de la piel. Si las células en el interior de la piel son jóvenes y vitales las condiciones para la vida son favorables. Las células en el exterior de la piel entran en contacto con el mundo exterior, que por lo general contrasta con el interior al ser seco, frío e inadecuado para la vida. En este lugar se forma una capa de células muertas.5
Si decimos que la piel es un córtex del cuerpo o es esa parte del cuerpo que protege el interior del exterior, también podemos decir que las capas externas de la piel protegen a las internas, así como que en algunas capas el cuerpo se desplaza y atraviesa la piel, y que de este modo la piel también se desplaza y atraviesa otra parte todavía más externa, que como hemos visto sigue siendo parte del cuerpo.
Las bacterias y los hongos, así como las células, necesitan determinadas condiciones para la vida, que son similares a las que necesitan las células, sólo que las bacterias y los hongos no suelen ser tan extremadamente sensibles como por ejemplo las células normales de la piel. A muchas especies de microorganismos les basta la capa callosa de la piel humana, lo que significa que ese entorno es relativamente seco, más frío que un organismo humano (y su interior), y que posee peores condiciones nutritivas y más inseguras. Una capa de microorganismos es esa capa del cuerpo humano que es una membrana invisible, a través de la cual el mundo exterior se desliza hacia el interior del cuerpo. Se trata de un lugar de intimidad corporal que es muy frágil; resulta arriesgado que entre en contacto con el mundo exterior.
En el cuerpo humano, los microorganismos dependen de las condiciones que posibilita nuestro organismo, y por tanto están subordinados al sistema de nuestro cuerpo. En el proyecto Private Micro Organisms los microorganismos se transfieren a un entorno externo en el que tienen garantizadas las condiciones ideales para la vida. De este modo, se multiplican en cantidades tan ingentes que pueden verse a simple vista como colonias de distintas formas y colores. En el nuevo entorno, los microorganismos que se originan en el cuerpo empiezan a vivir vidas autónomas. Así, el interior invisible se vuelve visible. También pasa a formar parte del mundo exterior, con el que nuestro cuerpo está entrando en contacto. Una parte del cuerpo se ha escindido y se ha convertido en algo externo y ajeno al cuerpo. Las ingentes cantidades de microorganismos se convierten en una amenaza. Ha surgido un entorno peligroso, del que a menudo nuestro cuerpo no puede protegerse.
De alguna manera, esta situación es similar a la de un niño que se mira en un espejo por primera vez y reconoce su propia imagen. Surge una expropiación y un conflicto entre el sentimiento interior y exterior de uno mismo, que puede provocar placer narcisista 6 y al mismo tiempo evocar sentimientos agresivos. Se produce una situación similar en la relación entre el acto de mirar y ser mirado. Cuando reconocemos que somos observados y juzgados por el otro, esto nos produce un sentimiento negativo de vergüenza.7 Tenemos dos situaciones: en la primera el niño se reconoce a sí mismo en el espejo, en la segunda alguien me mira. Podemos usar ambas para entender esta situación en la que se muestran microorganismos de mi cuerpo.
De algún modo se muestra una imagen invisible de mí. Pero ya no es invisible y tampoco es externa; ni tan siquiera es una “imagen”, ya que no es semejante a algo. ¿Entonces qué es? Si una imagen tiene un referente, lo que se muestra en este caso es en realidad el referente mismo; por tanto es una parte de un cuerpo que resulta mucho más explícita, visible y extensa que antes. De algún modo, lo que se muestra es una parte de un cuerpo en potencia. Básicamente sigue siendo parte de un cuerpo, sólo que en este caso es expropiada y se convierte en algo extraño. Cuando reconocemos que una parte de un cuerpo está en peligro (lo cual es posible gracias a otros elementos de la instalación), lo identificamos con nuestro cuerpo. De esta manera, de repente nos encontramos observando una parte del cuerpo que de hecho podría ser nuestra, porque no habíamos visto los microorganismos antes aunque sabíamos que existían, además no podíamos reconocerlos exactamente como nuestros. En este momento nos encontramos en un bucle. Es decir, nos encontramos de manera simultánea en el acto de mirar y también estamos en la posición de quien es mirado. Somos el observador y el observado al mismo tiempo. Como observadores juzgamos, como observados somos juzgados. Este tipo de desnudez directa de un cuerpo y de apertura de espacio privado a la mirada despierta sentimientos de vergüenza. Por otro lado también conduce a una percepción externa de uno mismo que es distinta de la interna. ¿Podríamos decir que también activa el placer narcisista?
El observador y el observado se encuentran entremezclados en la carne del mundo, tal y como creía Merleau-Ponty. Todo lo que veo es accesible a mi mirada. Mis movimientos están trazados en un mapa de lo visible, además de en mi paisaje. El mundo visible y el mundo de mis intenciones forman parte del mismo Ser. Las cosas interfieren las unas en las otras. Un observador está inmerso con su cuerpo en lo visible y él mismo resulta invisible.
¿Pero qué ocurre si entramos a un nivel microscópico, si acomodamos la vista para que el mundo microscópico sea accesible a nuestra percepción? Podemos ver microorganismos con la ayuda de un microscopio. Según Merleau-Ponty, nos apoderamos de ellos; el micromundo se vuelve parte de nosotros. Si fue extraído de nuestro cuerpo, vuelve a convertirse directamente en parte de nuestra carne. ¿Pero es realmente así? Intenta tocar una sola bacteria que veas bajo un microscopio. Mira la colonia, intenta moverte a través del espacio. Ahora, retira la vista. ¿(Todavía) siguen allí? ¿Realmente crees que realmente existen (en tu mundo –carne)?
Unique
Esta obra continúa analizando la interrelación del individuo con la carne microbiológica común del mundo y cuestionando los límites de la intimidad y la privacidad del individuo. Permite investigar el micromundo del cuerpo humano, y visualiza la fauna y la flora que hay en su interior.
Se examinan muestras de microorganismos de los observadores. La intimidad del observador se examina con una mirada penetrante y entrometida, que ve más de lo habitual. También se invita al observador mismo a conocer otro aspecto de su cuerpo a modo de disección. Pero además el observador se encuentra en unas condiciones especiales, ya que está en un entorno artificial para el cultivo de la vida. Penetra en el interior de un organismo, pero este organismo es por encima de todo científico, es una especie de organismo de laboratorio. Es tan frío como caliente. Contiene vida, es decir, numerosas especies vivas. Por tanto, el ser humano es sólo una de ellas.
La experiencia es segura y estéril, aunque la amenaza de una enorme cantidad de especies desconocidas que pueden poner en peligro al observador es perceptible. Pero el ambiente también resulta estimulante por presentar un conjunto variopinto de especies de todos los colores y formas. El proyecto se muestra en desarrollo, de modo que la situación cambia y se enriquece. La muerte de lo humano se convierte en un depósito fértil que permite la vida. Los microorganismos adquieren unas condiciones mucho mejores para desarrollarse de las que tenían en el cuerpo del donante, de tal manera que estas condiciones artificiales les permiten vivir después de la muerte. Los elementos orgánicos aportados por los humanos se recopilan como en un banco de ADN y se conservan vivos artificialmente en un entorno vivo sustitutivo.
1 - La exposición individual Microcosmos tuvo lugar en la Municipal Galley Nova Gorica (Eslovenia) en 2004. La muestra se acompaña de un estudio de Mojca Puncer (accesible en su página web: www.ars-tratnik.si).
2 - El proyecto Private Bowls se presentó en la exposición Breakthrough (Den Haag, Holanda, junio-agosto 2004), en la Biennale of Electronic Arts (Perth, Australia, 2004), como instalación en el Museo de Natural Histories de Eslovenia (en la producción de Kapelica Gallery, Ljubljana, 2004/2005), y en la exposición Seven Sins: Ljubljana-Moscow (2004/2005).
Se acompañaba de un estudio escrito por Mojca Puncer (accesible en su página web: www.ars-tratnik.si).
3 - El proyecto In-Time se presentó en junio de 2005 en _kuc Gallery en la muestra Pretty-Dirty. Tratnik multiplicó organismos extraídos de los cuerpos de siete comisarios y los cultivó en sus objetos personales para luego introducirlos en recipientes de cristal corrientes como los que se utilizan para guardar comida.
4 - Tratnik presentó por primera vez el proyecto In(threat)timity en 2005 en el festival Touch me (Zagreb, Croatia). Es una instalación site specific con microorganismos vivos que proceden del espacio expositivo.
5 - En relación a este tema la autora de este ensayo ha creado el proyecto 37°C cuya primera versión fue presentada como exposición individual en Kapelica Gallery (Ljubljana, Eslovenia, 2001/2002). Se ha mostrado otra versión del proyecto en la exposición L’Art Biotech (Nantes, Francia, 2003). La artista ha escrito un ensayo sobre este proyecto: 37°C: From the Inside of a being to the thin overhanging Line of Life, publicado en la revista Leonardo, Cambridge: MIT Press, volumen 38, número 2, abril 2005. El proyecto también se presenta en la página web de la artista: www.ars-tratnik.si.
6 - Maurice Merleau-Ponty, »The Child’s Relations with Others,« en The Primacy of Perception, Cambridge, 1987, p. 125. Véase también, »The mirror stage as Formative of the Function of the I as Revealed in Psychoanalytic Experience«, en Écrits: A Selection, New York: W. W. Norton & Co., 1977, p. 6.
7 - Jean-Paul Sartre, Being and Nothingness (1943), New York: Washington Square Press, 1966, p. 320.
Realizado por primera vez en: febrero de 2006,
presentación IN VIVO IN VITRO, Atenas Grecia
Producción de la obra financiada por:
Kapelica Gallery, Ljubljana, Eslovenia
Fotografías: Polona Tratnik
