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Soy bioartista

Cynthia Verspaget
(english)

Soy bioartista. Mi práctica artística abarca la exploración de las fronteras borrosas, la ética cuestionable y la domesticación de las tecnologías científicas y electrónicas. Lo que me interesa particularmente de los materiales biológicos es el lugar frágil que ocupan en la ciencia, siempre vinculados a procesos culturales y políticos, percepciones y construcciones. Me gustan las criaturas fronterizas de trasfondo monstruoso que “amenazan con quebrantarse las diferencias”, tal y como ha expresado Jeffrey Jerome Cohen de manera muy elocuente. Para mí, los monstruos y la ciencia van de la mano. Los monstruos son calificados y clasificados a través del lenguaje y las prácticas científicas, y el monstruo y la ciencia cargan simultáneamente el uno contra el otro en conflictos de gran envergadura por estas distinciones biológicas que se tienen tanto en cuenta. Por lo tanto, tiene sentido considerarlos bioarte. El monstruo es el nombre dado al habitante de las múltiples zonas de la biología que interesa al profesional de las humanidades con olfato para detectar una historia científica jugosa.

La biología como ciencia depende de distinciones binarias como vivo/muerto, humano/no humano y propio/ajeno. Estas distinciones son definiciones que permiten a la biología centrarse en abstraer, categorizar y explicar los procesos de la vida . Sin estas distinciones, la exploración biológica se encontraría con el problema de la ambigüedad. Dado que la metodología de la biología es científica y empírica, no puede funcionar en la ambigüedad ni incluir ese problema, ya que esto complicaría la predilección por la praxis biológica para definir objetos de estudio. Las distinciones binarias en biología se vuelven problemáticas cuando se revelan ambiguas en prácticas como el bioarte y la teoría cultural que adoptan una metodología de las humanidades preparada para incluir la exploración de lo ambiguo.
Es en este espacio de distinciones binarias endebles y ambiguas donde el artista puede jugar un papel decisivo en revelar o plantearse preguntas acerca de la biología utilizando herramientas científicas “monstruosas”.
En mi trabajo como bioartista mi objetivo último es explorar, cuestionar y revelar.

Esta pieza es más bien una reflexión sobre por qué me interesan estas herramientas científicas como artista y no tanto un relato de un proceso práctico en particular. También es una reflexión acerca de los múltiples modos en los que creo que estas herramientas de la ciencia ayudan a revelar “la pregunta” mediante la metodología artística en lugar de relevar “verdades” mediante la metodología científica. Mi interacción con una herramienta científica en particular, la línea celular HeLa, y el proyecto artístico resultante, The Anarchy Cell Line, funcionaron de esa manera.
Mi itinerario comienza con un encuentro con la “línea celular”, que probablemente es el habitante más destacado de la ambigua repartición de zonas científicas. La línea celular es una “bestia de carga”, “herramienta” o “material” de la ciencia, y ha llegado a tener un peso muy importante en mi trabajo. En The Anarchy Cell line añadí mis propios glóbulos a la controvertida línea celular HeLa preexistente. Una línea celular es una línea inmortal de células que suele proceder de células cancerígenas. Las células “normales” se dividen unas cincuenta veces; las células cancerígenas mutan y se dividen continuamente, por lo que se les llama “inmortales”. Debido a su energía y a su capacidad para dividirse, estas líneas celulares se encuentran entre las herramientas preferidas de experimentación celular en el laboratorio. La inmortalidad de las líneas celulares se define en relación a las normales. Por lo tanto, las líneas celulares son anormales: tienen lo que no tienen las normales y por tanto se definen como enfermas, incontenibles e incontrolables pese a su utilidad científica.

Durante mi investigación artística como artista residente en SymbioticA, en The University of Western, Australia, me enteré de la historia de la línea celular HeLa, que está considerada la línea celular humana más controvertida que existe. La historia, y no la ciencia, se convirtió en el trasfondo y la semilla de este proyecto, tanto si se considera la historia en abstracto como la historia social de sus orígenes. Las células que conforman la línea celular HeLa fueron extraídas de una mujer afroamericana, Henrietta Lacks en los años cincuenta, sin su consentimiento ni el de su familia.

Estas células han generado una industria multimillonaria, siguen vivas después de la muerte de su donante y su masa es varias toneladas mayor que el cuerpo de la propia Henrietta. Debido a la presencia ineludible de su origen social, la línea celular HeLa (He de Henrietta y La de Lacks) resulta especialmente adecuada para revelar las incoherencias en las distinciones binarias supuestamente fijas adoptadas por la biología, y por tanto se convierte en una herramienta artística valiosa. Se ha descrito como algo monstruoso, horroroso, incontrolable e incontenible (al haber “infectado” a muchos cultivos celulares en los años setenta). Es algo monstruoso. Es una línea de células que se ubica como propia mientras que al mismo tiempo deviene otra: está viva cuando el donante está muerto; está activa mientras se utiliza y en éxtasis cuando no se usa. Todas sus propiedades son monstruosas. Las propiedades y ambigüedades de lo monstruoso pueden servir para revelar los límites móviles que la biología adopta con tanta diligencia. Pero como ocurre con la mayoría de las metáforas, lo monstruoso necesita traducirse mediante una aplicación creativa para revelar su potencial para quebrantar las distinciones.
Entre las propiedades monstruosas que me resultaron tan atractivas en la línea celular HeLa como material artístico se encontraba la ambigüedad de los límites entre lo propio y lo ajeno ilustrada por el origen de la línea celular. La HeLa procede del cuerpo de Henrietta Lacks y sin embargo sigue contemplándose bajo el velo de la abstracción a través del microscopio, un eficaz instrumento del biólogo (que es un maestro de la abstracción ). El velo de abstracción cuestiona el vínculo entre el donante y el material a través de mecanismos que permiten la mirada científica. ¿Es la línea celular HeLa Henrietta? La noción de “persona” al observar material biológico bajo el microscopio se ha vuelto tan abstracta, señala Anne Enright en su artículo What’s Left of Henrietta Lacks? (¿Qué queda de Henrietta Lacks?) que quizás ni siquiera merece la pena preguntarse dónde se encuentra la persona. No obstante, sugiero que la noción de persona persiste y que puede revelarse a través de nuevas historias cuando esos mismos materiales se contemplan a través de prácticas trandisciplinares como el bioarte.

A través de la retextualización creativa (la praxis de las humanidades), la línea celular HeLa revela la persistencia del origen de Henrietta Lacks, una especie de abstracción a la inversa. Las características del bioarte son únicas en el sentido de que a pesar de mecanismos tales como el del microscopio, acaba siendo el contexto el que permite una multiplicidad de lecturas. Los bioartistas pueden permitirse el lujo de privilegiar el contexto creativo que favorece lecturas distintas en la exploración de la ciencia. Me encanta el microscopio: con el contexto adecuado, los artistas podemos modificar la mirada e incluir ideas sobre la cultura y sobre las conexiones entre las cosas.

Estas conexiones también son posibles creando y considerando la multiplicidad de relaciones entre el artista y la obra, o en el caso de esta historia también entre HeLa y Henrietta Lacks. No resulta difícil imaginar por qué, como artista, me sentí obligada a explorar las implicaciones de la historia de Henrietta y sus células.

La manera en la que las células HeLa se abstraen a través de procesos biológicos y el intento de declarar la línea celular HeLa una nueva especie Helacyton gartleri han resultado formas infructuosas de volver a categorizar negando el origen desde el interior de la ciencia, en parte porque la propia ciencia nos dice que existe un vínculo genético con lo humano y desafía por tanto la división entre humano y no humano. Las múltiples intervenciones artísticas que se dan en los terrenos de las bestias de carga de la ciencia, que son ambiguas y pertenecen a múltiples zonas, sirven para destacar el cuestionamiento necesario acerca de las fronteras frágiles y ambiguas aceptadas de un modo tremendamente rápido y sin discusión en el discurso moderno de la biología.

La abstracción de la célula y la cuestión de la demarcación entre lo propio y lo ajeno combinada con otras distinciones binarias cuestionables como la de vivo/muerto y humano/no humano fueron una fuente de inspiración constante para The Anarchy Cell line. Este proyecto acabó siendo el resultado artístico de ésta y otras muchas reflexiones. La línea celular artística se creó añadiendo mi sangre entera a la línea celular HeLa existente en un “acto” de anarquía abyecta, performática y domesticada y de domesticación anarquista que obligaba a plantearse ideas complejas acerca de las mujeres en los laboratorios como trabajadoras, artistas y restos de mujeres usadas como herramientas de laboratorio. Confiaba en que la nueva línea celular se convirtiera en un artificio dialógico en relación a temas tales como la propiedad de los tejidos, las técnicas de laboratorio, los derechos de reproducción o patente del tejido, la estética del interior del cuerpo y la conexión entre lo científico y lo sociohumanístico (¿o la ausencia de ello?) en el plato de cultivo, la representación biológica, social e histórica de las mujeres y la historia personal de Henrietta Lacks. Imaginaba que la exploración de esta línea celular manipulada artísticamente acabaría permitiéndome explorar mi fascinación por los múltiples límites ambiguos en los que se sitúa la línea celular.
Quería intentar jugar con la provocación inevitable del lenguaje a través de lo visual y yuxtaponer “palabras” que remiten a “combinar”, “cohabitar”, “colaborar” o “compartir”. Esperaba que estas imágenes verbales pudieran ejemplificarse y debatirse mediante el acto de añadir mis propias células a las de Henrietta. La línea celular intervenida artísticamente es anárquica en el sentido de que propone y de alguna manera adopta la idea de lo “no artístico”: que las células sobrevivan (la llamada ciencia de las cosas), que se combinen, hibriden o coexistan biológicamente no importa tanto como el proceso y las interacciones de la construcción de la línea celular, la posibilidad de hibridación, la cuestión de la ubicación de las zonas y la ambigüedad y el hablar del proceso de apropiación de materiales biológicos.

El proyecto estaba lleno de desafíos. Esta “apertura” a las preguntas a través del arte en lugar de la provisión de preguntas a través de la ciencia supone el vehículo mediante el cual esperaba que mi trabajo en la Célula Anárquica motivara un debate crítico sobre bioética y sobre la historia de Henrietta. Esta apertura es obsentatio vulnerum “el mostrar heridas”, en definitiva una creación de heridas para lo que se cuestionaba y para quien cuestionaba, y espero que capte la atención de los procesos y obras de muchos otros bioartistas que también deseen buscar algo que cuestionar, por mucho que duela. El cuestionamiento de la colonización y la apropiación, tal y como se ejemplifican en esta obra, se logra en The Anarchy Cell Line a través de procesos que implican arte activista. En ocasiones, este tipo de arte intenta producir un impacto rápido y contundente empleando procesos de apropiación y a menudo procesos criticados propios del “opresor”. No obstante, en mi práctica, estas acciones son sutiles (aunque complejas) y se obtienen a través de un planteamiento altamente conceptual y performativo que traté de mantener durante el proyecto para desafiar al mismo tiempo mi propia percepción de la praxis.
Henrietta, sus células y mi intervención (¿interferencia?) en ellas siguen teniendo un peso muy importante en mi obra escrita. Sea cual sea el resultado, la experiencia de trabajar en un laboratorio, pensar en la práctica transdiciplinaria y trabajar con la línea celular HeLa constituyen las bases de mi práctica bioartística actual. Esta clase de pensamientos, cuestionamientos y revelaciones proceden de las oportunidades únicas ofrecidas por las crecientes interacciones entre arte y ciencia. No sólo se me han revelado múltiples historias que abarcan múltiples perspectivas, cuestionamientos y ambigüedades sobre la célula de HeLa y sobre la condición humana en general, sino que también sin pretenderlo, como artista residente en un laboratorio, me convertí en una vía de transmisión del pensamiento entre estas perspectivas diversas de los múltiples cuerpos que pueblan nuestras comunidades científicas o sociales.